Hay señales claras de que las hojas de cálculo ya no alcanzan: nadie sabe con certeza cuánto stock hay en un momento dado, los cobros se pierden entre notas y mensajes, cada empleado lleva su propio control paralelo, generar un reporte toma horas, y crecer (abrir una sucursal, sumar una línea de producto) se siente más complicado de lo que debería. Cuando dos o más de estas señales aparecen juntas, normalmente es momento de conversar sobre un sistema propio.